Siempre he creído que la vida está delimitada por un guión
cinematográfico inconscientemente escrito a lo largo de la historia
personal y que sin darnos cuenta elegimos a los personajes, el género,
el soundtrack, las locaciones, etcétera.
Dentro de esta dinámica, el séptimo arte se convierte en una
biopsia social, un reflejo del devenir y las preocupaciones mundiales,
el cine hollywoodense, como burdo ejemplo, ha vivido diferentes etapas
según el nivel de histeria colectiva o paranoia que su gobierno y
población sufren: rusos boxeadores, vietnamitas inquebrantables, árabes
vengativos, extraterrestres ambiciosos, monstruos descerebrados y
desastres naturales han sido los enemigos a combatir durante las once
décadas de vida cinematográfica desde los Lumière.
No
hemos llegado a los primeros sesenta días de 2008 y ya he visto dos
cintas que bien pueden agregarse a mi ecléctica lista de favoritas, no
sólo de este año, sino de toda mi vida: incluyendo sus paralelismos,
pues ambas se desarrollan dentro de un contexto de violencia extrema y
de desfachatez sistémica; a manera de metáfora de hemoglobina, las dos
nos muestran una cruenta realidad donde el poder embriagador del dinero
deriva en el exterminio aplastante de la inocencia, lo cual acarrea una
serie de eventos burdamente sangrientos y desafortunados, una ola de
terribles y sórdidos hechos encadenados.
La primera es El Cobrador
de Paul Leduc, considerada dentro de las favoritas para ser galardonada
en la próxima entrega de los Arieles. Esta cinta nos cuenta la historia
de un vengador social fastidiado de los abusos del poder, un hastiado
afroamericano que asume la venganza anónima y la justicia con su propia
mano como una herramienta de liberación. La película fue filmada en
cinco países, cuatro de América y uno de Europa.
El Cobrador evoca e incita a la rebeldía, al despertar de la
conciencia luego de vivir la "gandallez" en carne propia; para ello,
recurre a prácticas para nada ortodoxas y cuestionables. Al final nos
queda el saborcito de que la esperanza latina sigue encendida, de que
la rebeldía civil contra el neoliberalismo "gabacho" se incrementa.
La segunda es No Country for Old Men, el más reciente trabajo de los hermanos Coen y supuestamente basada en hechos reales. Se trata de un western contemporáneo y tarantinesco
con altas dosis de violencia y tensión psicológica. Es protagonizada
por Javier Bardem que, dicho sea de paso, demuestra una vez más su
estupendo y camaleónico nivel histriónico.
La historia es en Texas y trata el caso de un asesino
despiadado con un elevado nivel ético extermina a todo aquel que se
oponga en su planes de una forma “limpia” y contundente, sin dejar
mayores pistas que lleven a su captura. Podríamos decir que se trata de
una macabra y atinada apología de las operaciones que el crimen
organizado ha manifestado con su nueva logística de terror en nuestro
país.
México
vive en medio de la paranoia, la desaceleración económica, los bombazos
y tiroteos, los dimes y diretes entre gobiernos de todos niveles,
pataditas y patadotas por debajo... El quehacer humano en su totalidad
refleja el sentir del mundo, el padecimiento espiritual compartido
hacia afuera, los cuentos de hadas hace tiempo que dejaron de contarse,
hace años que perdimos nuestro himen social, así lo demuestra el
resurgimiento del cine con contenido humano.
Links relacionados:
http://www.cobrador.com.mx
http://www.nocountryforoldmen-themovie.com/