Lo que no se elabora se repite: Eduardo Remedi
Antes de iniciar la lectura de este artículo que intenta
redescubrirte, piensa en ¿quién eres?, ¿te gustas?, ¿quién eres
respecto a los demás? Y, la pregunta más importante, ¿cuál es tu
identidad?
Tal vez sea muy fácil para ti responder estas preguntas; si es
así, mereces un reconocimiento y tu orgullo, pero si aún no logras
descubrir tu identidad, estás a tiempo de iniciar la búsqueda.
Si en este momento te preguntaras sobre tu identidad, ¿qué
responderías? No sé a ti, pero a mí eso de descubrir y redescubrir
nuestra identidad se me hace algo fascinante, aunque en ocasiones se
torne algo agobiante.
Y es que en estos tiempos de globalización, hay la percepción
de que el concepto de identidad ya no es vigente, y si lo es, sería
algo así como “identidad global”.
Por ejemplo, ahora los jóvenes conocen y/o usan por lo menos
algún servicio de mensajería instantánea para comunicarse, lo cual
“roba” parte de esa identidad única, pues se pierden barreras, al grado
de perder las de uno mismo.
La identidad es la percepción colectiva de un “nosotros” por
oposición a “los otros”, en función del reconocimiento de caracteres,
marcas y rasgos compartidos que funcionan también como signos y
emblemas, así como de una memoria colectiva.
Es decir, la identidad está formada por un todo conformado por un territorio, una historia y una cultura específica.
Aún más, está integrada por tu planeta, continente, país, entidad
federativa, localidad, población, clima, suelo, día, noche, vegetación,
contaminación...
...por tu familia, tu mamá, papá, herman@s, amig@s, enemig@os, aliad@s, compañer@s, “carnal@s” o “valedor@s”, vecin@s...
...por tu pantalón, peinado extravagante, maquillaje, tu playera
de Pumas, los tenis rotos, por ese short y calcetines, ojos negros...
...por tus malas palabras, tus bellos pensamientos, tu
ideología izquierdista o derechista, tu pasión por el canto, tu
habilidad verbal...
...y por tu pensamiento y filosofía de vida, lo cual considero,
dentro de este compendio, lo más importante para poder definirnos, pues
es a partir de nuestro pensar decidimos qué ser y cómo, para qué serlo
y cuándo.
Y es que los jóvenes –como la mayoría de las veces- somos los
más propensos a la “pérdida” de identidad, incluso hay quienes pueden
tener muchas “identidades”, lo cual sólo generará confusión y dilemas
“existenciales”.
En ese sentido, la especialista de la Facultad de Medicina de
la UNAM, María Elena Medina, expresó que los jóvenes del mundo moderno
tienen nuevas oportunidades pero también están expuestos a múltiples
peligros.
Ello, explicó, debido al panorama preocupante que los jóvenes
de “hoy” viven en sus familias, la escuela y el trabajo, así como, el
futuro incierto que vislumbran, lo cual les provoca estrés afectando su
calidad de vida, y por ende, su estabilidad biopsicosocial.
“Estilos de vida” como trastornos alimenticios, drogadicción,
embarazo no planeado, violación sexual, enfermedades de transmisión
sexual, falta de ejercicio, discriminación, racismo, desempleo,
sedentarismo, entre otros, son algunos de los factores que a diario
hacen tan cambiante la identidad.
Sin duda, es un reto lograr consolidar nuestra identidad, lo que nos haga diferentes, pero a la vez iguales ante los demás.
Has escuchado esa frase que dice: “Te imaginas si todos fuéramos
iguales”, creo que todos la hemos escuchado alguna vez y si la decimos
es porque al final nos congratulamos de la diversidad.
Y sólo para finalizar: “Lo que no se elabora se repite”, frase
que leíste al inicio de este texto y que lo único que nos dice es:
elabora tu identidad, elabórate, no repitas o, al menos, trata de
hacerlo lo menos posible.