¡Qué divertido es ver una serie o película gringa y ver cómo en los
juicios los abogados defienden a sus clientes con argumentos muy bien
expuestos!, al grado de que la propia abogacía se convierte en todo un
teatro, donde incluso se llora o se ríe para influir en la decisión del
jurado.
Ahora imaginemos esto con algunas modificaciones y adaptaciones al
sistema de justicia mexicano, ¿verdad que ya no parece tan divertido?
De entrada los personajes no serán muy parecidos a los de las series,
no habrá en las audiencias una Elisabeth Röhm o algo así, lo que sí es
seguro es que se agilizará el sistema judicial, pues un juicio promedio
lleva alrededor de dos años o más; de este modo se busca que tarde como
máximo 90 días.
No te creas, los juicios orales mexicanos no van a tener un
estrado con jurados, fiscal, abogados y testigos; aquí sólo
participarán un “mediador o juez” y los “mediados o partes”, cuya labor
será preguntarle al mediador la mejor manera de solucionar su
conflicto, quien a su vez dará posibles soluciones.
Tras escoger la más conveniente, se firmará ante el mediador,
como si fuera un contrato; así que si esperabas ver una audiencia como
en las pelis, pues ¡qué desilusión! Lo bueno es que sí se evitarán
largos y cansados procesos judiciales además de costosos abogados.
Yo no digo que esto sea la panacea, igual y nos engañan como
paso con el neoliberalismo, pero pues pinta bien y ojalá se eviten
corrupción e ineficacia del sistema de justicia mexicano.