Si un extranjero viniera a nuestro país en pleno Día de Muertos y no
tuviera idea de que en México celebramos a la muerte, seguramente las
calaveritas de chocolate y los dulces de azúcar en forma de tumbas le
causarían cierto impacto, cierto choque cultural.
Desde la época precolombina hasta nuestros días, México cuenta con una
larga tradición mortífera, quiero decir, que nos gusta no sólo reírnos
de la muerte sino también celebrarla.
Aguascalientes vio nacer a uno de sus grandes exponentes, José
Guadalupe Posada, quien desarrolló no sólo caricaturas políticas sino
que consolidó la fiesta del Día de Muertos -gracias a sus
interpretaciones de la vida cotidiana y las actitudes de los mexicanos-
por medio de sus famosas calaveras.
Y es justo en la tierra de este personaje donde se encuentra la sede
del Museo Nacional de la Muerte, un recinto que cuenta con más de dos
mil objetos relativos al tema y que fueron coleccionados por más de
medio siglo por el grabador Octavio Bajonero Gil.
Las piezas del museo van de lo más tradicional a lo más
ecléctico y cubren desde la época prehispánica hasta la actual. En el
recinto encontramos trabajos artesanales y obras plásticas, además de
material bibliográfico y grabaciones que dan muestra del folclor
mexicano.
La muerte nos recibe desde la entrada del museo. Con figuras de cartón,
la huesuda es representada a lo largo de la colección. La hay en
ángeles, en charros y en revolucionarios. La muerte platica, deambula,
juega, se divierte, pero sobre todo se exhibe. El objetivo: representar
a través de ella el desarrollo cultural de nuestro país.
Si quieres ver algunos de los objetos expuestos en este lugar, checa nuestra fotogalería para que disfrutes de este atípico tzompantli.
Museo Nacional de la Muerte.
Jardín del estudiante s/n, a un costado del templo de San Diego, Aguascalientes, México.
Abierto de martes a domingo de 10:30 a 18:30 horas.