*Colaboró Isabela Rojas Suso.
Clínicas clandestinas
La Asociación Mexicana de Cirugía Plástica, Estética y Reconstructiva
(AMCPER) presentó, en encuestas realizadas durante 2007 para la
Secretaría de Salud, cifras alarmantes sobre la existencia de clínicas
clandestinas tan cotizadas como las certificadas.
A ellas acuden personas que quieren ahorrar un poco de dinero o
simplemente cuentan con menor capacidad económica. En un lugar de
estos, toda la cirugía, incluidos los cuidados de salud, el pago de
doctor, anestesiólogo y, por supuesto, las prótesis, sale entre 20 y 40
mil pesos.
Lo peligroso del asunto, además de la ilegalidad y las condiciones
precarias de dichas instalaciones, es que quienes asisten a ellas
suelen verse en la necesidad de practicarse nuevas intervenciones
estéticas que remedien los daños causados por los falsos cirujanos que
acostumbran llamarse "esteticistas".
En diciembre de 2007, Agustín Huerta fue arrestado en
Guadalajara luego de que varias personas lo demandaran por ejercer de
cirujano plástico sin licencia. Gabriela Sánchez, una de las pacientes
y afectadas afirma haber sufrido una infección debido a los implantes
que le puso. La gravedad fue tal, que le tuvieron que amputar los
senos.
La fiscal de este caso, Elsa Arias, es conocida por haber logrado el
encarcelamiento de Miriam Yukie Gaona, "La Matabellas", acusada de
inyectar silicona industrial a cientos de mujeres. Ambos casos
ejemplifican la gravedad de aumentarse el busto en condiciones no
aprobadas por la Secretaría de Salud y demás autoridades competentes.
El bajo costo de las operaciones clandestinas se debe a los materiales
que se usan como implantes. Éstos pueden ser aceite de bebe, aceite de
coche, parafina o siliconas industriales, entre otros. Cada año se
reciben aproximadamente 500 pacientes con cirugías mal realizadas y con
trastornos severos e incluso la pérdida del busto.
Gloria Espinosa, del departamento de Cirugía Reconstructiva del
Hospital General de México, afirma: "A veces llegan tan dañados los
senos, glúteos y otras partes del cuerpo que difícilmente es posible
revertir los daños".
Para obtener una licencia de cirujano plástico es preciso
concluir la carrera de medicina, la especialidad de cirujano y la
subespecialidad de cirujano plástico. Normalmente, un cirujano plástico
habrá estudiado entre 10 y 13 años antes de ejercer legalmente.
Información necesaria para una operación segura
Lo más importante para realizar un procedimiento estético seguro
es verificar que el cirujano por el que se ha inclinado el paciente se
encuentre certificado por la AMCPER. Además, debe, en promedio, contar
con siete años de estudio de medicina y cinco más de especialización en
lo que a cirugía plástica se refiere.
Se ha demostrado que, por el momento, los implantes más seguros
son los de gel de alta cohesividad, pues el material está esterilizado
en calor seco, método compatible con el cuerpo de la mujer.
Todos los implantes cuentan con una envoltura que es casi impermeable,
es decir, que no permite el flujo continuo de micro-partículas del
contenido hacia afuera. Pero Alfonso Riascos, médico cirujano
especializado de Colombia, recomienda no usar los de solución salina.
En éstos hay mayor riesgo de que las micro-partículas se disuelvan.
"Existe el riesgo de que 20% de los implantes de solución salina se
desinflen en 10 años".
Manuela Hernández, cuyo caso mencionamos en la primera parte de
este reportaje, ha asegurado que es importante dar con un buen
cirujano, en quien se confíe desde el instante mismo que se llegue a
consulta, "muchos pueden parecer frívolos, como si lo único que les
importara es el dinero".
Superado esto, Hernández concluye diciendo que la cirugía
estética no cambia la esencia de las personas; sólo corrige "pequeñas
cosas" que después "nos hacen sentir mucho mejor para relacionarnos con
la gente en nuestro entorno".
Por último, es también de alta importancia cumplir con todos
los cuidados y recomendaciones sugeridas por el cirujano plástico. En
caso contrario, pueden surgir complicaciones que incluso llegan a poner
en riesgo la vida del paciente. Tal fue el caso de Mónica, cuyo caso
referimos en la segunda parte de este reportaje.
Los compromisos escolares dificultaron que ella pudiera cumplir con un
reposo adecuado: "Todavía es mal pretexto aumentarse el busto para no
ir a la escuela". Y, a pocos días de haberse hecho el implante, el
rompimiento de un vaso capilar intramuscular la obligó a volver al
quirófano. Perdió medio litro de sangre; pero al final superó el
percance.