Miércoles 24 de septiembre de 2008
   
 
 
De la vista nace el voyeur (Parte1)
Todos somos voyeristas, a todos nos gusta observar, es una actividad inherentemente humana. Aunque no forzosamente con tendencias sexuales, el voyerismo nos conduce al aprendizaje, a la autoconciencia, al crecimiento
  Por "Koyote" Lagañas
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Según el Manual de Diagnóstico de los Trastornos Mentales (DSM-IV), el voyerismo se encuentra dentro de la categoría de desviaciones sexuales y define a las fantasías recurrentes y excitantes, a impulsos o comportamientos que implican el hecho de observar ocultamente a personas desnudándose o que se encuentren en plena actividad sexual. La enciclopedia Encarta completa dicha definición de la siguiente manera: “Hoy ya no se designan como perversas las formas inusuales de sexualidad; sólo son consideradas como un problema psíquico si generan desequilibrio en las personas que las practican o en aquéllas con las que se realiza el intercambio”.

Sin embargo, al final de cuentas, todos somos voyeristas, a todos nos gusta observar, es una actividad inherentemente humana. Aunque no forzosamente con tendencias sexuales, el voyerismo nos conduce al aprendizaje, a la autoconciencia, al crecimiento, al desarrollo como individuo; la observación es el primer paso del método científico, nos permite darle una explicación coherente a la realidad. Todos somos voyeristas.

El simple hecho de asistir a una función de cine implica un acto de voyerismo: enterarnos de los detalles de la vida de un puñado de personajes que están a la merced de nuestro implacable juicio es una acto de omnipotencia, en ese momento somos omniscientes y dioses de la historia.

El séptimo arte está plagado de ejemplos sobre el tema que nos ocupa: El show de Truman (Peter Weir, 1998), donde nos enteramos de cómo la vida de un miserable tipo resulta ser una burda mentira que sostiene el rating de una televisión futurista, un “poquito” más voraz que la actual, o La ventana indiscreta (1954, Hitchcock), un triller policiaco en donde un apacible fotógrafo se olvidará de la tranquilidad luego de convertirse en un casual y desafortunado testigo de un crimen.

Las revistas amarillas de espectáculos alimentan también la parafilia del “mirón” cuando los paparazzis acosan al artista de moda para obtener una fotografía alejada del glamour para incitar al morbo y, de paso, ganar una buena cantidad de dinero por las altas ventas que siempre generan los “descuidos” de las famosas.

En la TV los ejemplos son obvios y evidentes: The Osbourns, donde ni el avejentado rey del heavy metal escapó de esta formula industrial del espectáculo, aunque sin duda el espectáculo real más famoso es Big Brother: un zoológico humano, una vitrina creadora de estereotipos, una caldera de clichés que solo evidencia nuestras miserias.

La ocupación de Irak por parte de EUA fue transmitida en tiempo real: comunicadores entrenados por la milicia norteamericana y tecnología de punta en comunicación nos permitió observarla a través de CNN. El multicitado “videogate” perredista es un claro ejemplo de voyerismo político: han quedado filmados los secretos a voces de corrupción y negocios malsanos de la escena gubernamental nacional.

El voyeur está en todos lados, todos somos mirones.

La próxima semana, abundaremos en el tema. Gracias por la miradita, mientras tanto me gustaría saber qué opinas.

 
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2 comentario(s)
Interesante... Igual no podemos comparar ir al cine, ver una representación de algo que suele ser entretenimiento mas o menos sano, con pagar para ver una violacion o a una persona que ni sabia que la estaban grabando. Es tu desición pero una va más hacia lo inocente y otra hacia lo depravado.  

Enviado por:
Jennifer

2008-05-22
17:20

Amen. (no sabia que escribias aqui, te recuerdo de los eventos de surf, como sea felicidades buen articulo.)  

Enviado por:
Bjack pagina
mail
2008-05-15
21:11

 
 
 
Y tú, ¿qué fobia tienes?
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