Desde que fuera capturada Juana Barraza Samperio, “La Mataviejitas”, el
25 de enero de 2006, el tema de los asesinos seriales tomó cierta
importancia en nuestro país. Incluso se montaron varias exposiciones al
respecto y fue un hecho que nos llevó a recordar a varios
multihomicidas altamente reconocidos y temidos, también se recrearon
leyendas urbanas, como la de la pandilla guatemalteca “Sangre”.
El término asesino serial fue introducido en la década de los
setenta por Robert Ressler, quien trabajaba en el FBI y se encargaba de
hacer perfiles psicológicos de criminales. Fue hasta ese entonces que
se logró diferenciar entre los que mataban con un móvil determinado y a
quienes lo hacían sin un motivo aparente.
Sin embargo, el asesino serial se conoce desde mucho antes de que se le
diera una denominación. En México, el primer caso, según registros
periodísticos, fue el de Francisco Guerrero, “El Chalequero”, a finales
de siglo XIX; él desataba toda su furia contra prostitutas, mató a más
de 20 en la Ciudad de México.
El modus operandi de “El Chalequero” era un tanto
similar al que utilizó 50 años después Gregorio Cárdenas y en los
sesentas el llamado “Jack mexicano”. Los tres operaban en la Ciudad de
México, tenían especial predilección por las prostitutas y las mataban
después de tener relaciones sexuales. En el caso de “El Chalequero”, se
deshacía de los cuerpos de sus víctimas por los alrededores del Río
Consulado, mientras que Gregorio Cárdenas enterraba los cuerpos en el
jardín de su casa; el “Jack mexicano” dejaba recados con lápiz labial
en los cuartos de hotel donde retaba a las autoridades a capturarlo.
El caso de Gregorio Cárdenas, “El Estrangulador de Tacuba”, es
el que hasta hace poco causó mayor revuelo entre la sociedad mexicana,
tanto por la saña con la que cometía sus crímenes, como por ser
ovacionado en la Cámara de Diputados tras su liberación de la prisión
de Lecumberri por ser considerado como un claro ejemplo de readaptación
social.
La historia de Goyo Cárdenas, como la de gran parte de los
asesinos seriales, va precedida de aspectos psicológicos provocados por
el rechazo de la sociedad a la que pertenecen. Cárdenas era una persona
físicamente poco agraciada, con tics, tenía estrabismo, padeció sífilis
y enuresis (hacerse pipí en la cama); había sido víctima de una
epidemia de encefalitis, sufría jaquecas constantes y si le agregamos
que era rechazado por las mujeres, entonces se entenderá el porqué
sentía tanto odio por la sociedad.
Goyo Cárdenas cometió cuatro crímenes en 15 días; tres de ellos
contra prostitutas y el último contra Graciela Arias, quien fuera su
compañera de clases en la Facultad de Química. Según los registros de
la época, se cree que asesinó a Graciela porque se negó a ser su novia
y, en un ataque de ira, la mató en su coche para llevarla después a su
domicilio, ubicado en la calle Mar del Norte # 20, y enterrarla junto
con las otras tres víctimas. No se supo si Goyo cometía necrofilia,
pero se cree que sí hacía experimentos con los cuerpos para tratar de
devolverlos a la vida; en su jardín también se encontraron conejos y
gansos.
Gregorio Cárdenas era inteligente, tranquilo, el vecino ideal que no se
mete con nadie y un estudiante de excelencia, incluso estaba becado por
PEMEX. Además se le ofreció una beca para estudiar en el extranjero, la
cual rechazó porque no quería dejar sola a su madre; ella fue vital
para entorpecer la labor policíaca al internar a su hijo en el hospital
psiquiátrico Dr. Oneto Barenque y evitar que se diera con él.
Tiempo después fue detenido y trasladado al pabellón
psiquiátrico de Lecumberri; al poco tiempo fue movido al manicomio
general de La Castañeda para ser regresado de inmediato a Lecumberri:
Primero fue colocado en el pabellón de los leprosos, luego al de los
enfermos mentales.
Sin embargo, no toda su estadía en el “Palacio Negro” fue de
sufrimiento; por una extraña razón empezó a recibir ciertos
privilegios: asistía a las clases de psiquiatría, recibía visitas
familiares, sostenía relaciones con las enfermeras e incluso tenía
licencia para salir cuando quisiera; un día fue tal su cinismo que se
tomó unas vacaciones en Oaxaca.
Fue a su regreso a Lecumberri que se aprendió el Código Penal;
se convirtió en litigante de otros reclusos e incluso se daba tiempo de
escribir libros sobre su historia en prisión, entre ellos están Celda 16, Pabellón de Locos, Una mente turbulenta y Adiós a Lecumberri.
Sus privilegios eran tales que incluso puso su propia dulcería en la
prisión; con las ganancias del negocio y las regalías de sus libros
mantenía a su esposa e hijos; se casó mientras estaba en prisión.
Tal y como ocurrió con “El Chalequero” y la interferencia de
Porfirio Díaz para recortar su pena a sólo 20 años, en el caso Goyo
Cárdenas fue Luis Echeverría quien lo absolvió. A pocos días de estar
libre, fue invitado por Moya Palencia (quien en ese entonces era
Secretario de Gobernación) a la Cámara de Diputados; ahí fue ovacionado
por ser considerado un ciudadano modelo y ejemplo de superación de
vida.
Goyo Cárdenas ha sido el asesino serial que más ha acaparado
los reflectores; sobre él se hicieron varias películas, radionovelas,
canciones, obras de teatro, se escribieron libros... Su caso lo atrajo
Quiroz Cuáron, uno de los criminalistas más importantes de la historia,
además se dio el lujo de registrar su caso para cobrar derechos.
Sorprendentemente, tal y como ocurre en muchos casos de asesinos
seriales, Goyo Cárdenas se volvió atractivo para las mujeres, ¿irónico,
no?
*En la segunda parte: “La Mataviejitas”, “El Pelón Sobera”, “El Caníbal de la Guerrero”, “Railroad killer”, entre otros.