La noche agonizaba.
Ya no podía gritar más, estaba agotado. Añicos de sueños y mentiras cargué en mi maleta. Parado sobre la acera detuve un taxi.
–¿A dónde lo llevo? –preguntó el chofer–.
Le respondí:
–No lo sé... bastante lejos.
La vida es un círculo: naces, estudias, trabajas, te casas, tienes hijos… ¡Alto! ¿Nunca te has preguntado si ésa es la vida que quieres llevar?
Corría la primavera cuando desperté repentinamente. Ni en mis sueños podía estar en paz. Y por fin lo acepté: me había vuelto preso del silencio y la ansiedad. Me escondí bajo las sábanas, con ganas de nada. Estaba harto de todo. ¡Me faltaba algo!
Al amanecer ya no pude luchar. Hace unos días había leído a la escritora Trini de Jaime, quien a través de sus letras asegura que tienes el derecho a ser feliz, pero a veces las circunstancias te colocan en el camino equivocado y ya no puedes cambiar de rumbo. Esa mañana yo estaba perdido, sin rumbo fijo.
Primavera que no llega
“¡Maldita vida!”, gritaba con los labios sellados. No podía continuar siendo el mismo. En ese instante de junio, apenas sentía el final del invierno. Aún lo cargaba. Tenía que olvidarme de todo y volver a comenzar, pero ¿cómo?
Hay días cuando la rutina y el estrés empiezan por desgastar tu entusiasmo y, entonces, te preguntas: ¿por qué no cambiar de vida?
El reloj marcaba una hora más y yo seguía tirado en la cama, cuando Diana –mi amiga, pintora de 22 años– telefoneó: “¿Qué pasa contigo? No me digas que no vendrás. ¡Levántate! Te cuento que…”. Boté la bocina. Volví a sumergirme en el frío de mi habitación.
Quiero sentir algo y no sé por dónde empezar
Quería llorar, pero no podía. Preso de la ira, tomé mi celular y lo lancé... Cerré los ojos cuando el suelo estaba tapizado de vidrios; el espejo estaba destrozado.
En medio del mar de cristales, planeé mi escape: botaría mis demonios, mis rencores, mi veneno; gastaría todos mis ahorros para volar lejos de aquí... Al llegar la noche, me arrepentí. No quería huir.
De la mano del agobio o la inquietud, cualquier cosa parece más deseable, porque la ansiedad es un arma de doble filo; te impide pensar con claridad. Por eso, de Jaime aconseja encarar tus miedos, tus fantasmas, con valor.
Cualquier transformación que hagas a tu vida, planéala con cautela, porque cuanto más se aleje tu proyecto de cambio de tu realidad, más riesgo tendrás de fracasar.
“¿Quién soy?”, me pregunté mientras mi rostro se reflejaba en los cristales rotos. Sabía que no estaba satisfecho conmigo mismo. No sabía reír, ni sentir. Tenía que cambiar, hacerme de coraje y enfrentarme a mi realidad, era el momento de sobrevivir.
Ya no tenía la fuerza para salir al escenario y actuar ante la misma gente. Día con día, eso me robaba un segundo más de vida. Sin embargo, ellos no eran el problema, el profundo resentimiento era conmigo. Sabía que necesitaba tiempo para pensar y seguir caminando.
Decidido, abrí la puerta con sigilo. Sentí un escalofrío. Llevé conmigo una maleta. Cerré con cierta violencia. Salí a la calle. Detuve un taxi... Y sin más, el final de esta historia es el punto de partida de mi nuevo sueño.
Si al igual que yo estás decidido a empezar de cero: ¡Adelante! Sólo no mires atrás.
Trini de Jaime aconseja
*Debes cambiar de vida si tu presente es muy distante a lo que siempre has deseado.
*Un cambio bien logrado no es una demolición, sino una evolución. No tires todo por la borda.
*Diseña un plan preciso sobre lo que quieres cambiar de tu vida. Nunca improvises.
*Analiza si tú eres el problema o tu ambiente, puede que tu cambio sólo traslade tu problema a otro paisaje.
*Descubre quién eres. Construye tu vida a partir de tu esencia.
*Si te has decidido a cambiar, no olvides meter en la mochila: realismo, flexibilidad, humor, esperanza y mucho, mucho coraje.