Tras el anuncio que se hiciera días atrás sobre el regreso de dos historias clásicas de “western” protagonizadas por Russell Crowe y Brad Pitt quiero aprovechar la oportunidad para hablar de Río Bravo película dirigida por Howard Hawks y protagonizada por John Wayne en 1959, la cual formó parte de la trilogía junto a Río Rojo y Río Lobo, únicas películas de este género que dirigió Hawks.
Los motivos por los que Hawks decidió arriesgarse y dejar a un lado, por un momento, el cine negro y screwball comedy, géneros con los cuales conquistó una cantidad inmensa de reconocimientos, fue por su inconformidad ante el western High Noon de Zinnemann.
La problemática imperaba en que Hawks no podía concebir cómo un sheriff se dedicaba a pedir ayuda al pueblo para hacer frente a una banda de forajidos, cuando el SHERIFF debe ser sinónimo de valentía y coraje.
Cada personaje aporta más de lo necesario para que el filme deje de ser una simple película de acción y se convierta en una magistral fábula de amistad, compañerismo, respeto y honor, y eso es lo que tienen de maravilloso los westerns, que todos dejan algo.
La película nos narra la historia de John T. Chance, un sheriff quien se ve en serios problemas después de arrestar a un forajido que cometió un asesinato en una taberna y quien era hermano de un desalmado terrateniente.
La película se desarrolla en torno al rescate y cómo el sheriff al lado de sus dos compañeros inseparables, un borracho y un tullido, además de un aliado hacen frente a la banda de delincuentes quienes no van a descansar hasta conseguir la libertad de este hombre.
Es una lucha muy desigual, pero de eso se trata Río Bravo, de personajes duros, orgullosos, muy humanos que luchan codo con codo contra sus limitaciones para hacer un trabajo y hacerlo bien.
La moraleja: no importa que en número seamos inferiores, importa que a pesar de la aparente desigualdad se puede llegar a superar al otro.