En un mundo donde el fenómeno de la globalización proporciona ciertos
estereotipos para “sobrevivir” dentro del mercado musical, surgen
propuestas diferentes. Son esas manifestaciones las que promueven la
modificación de esa estructura para demostrar que se puede transmitir
algo distinto, más allá de lo que la TV y las estaciones de radio
convencionales ofrecen.
En los años veinte, en Estados Unidos comenzó a gestarse el
concepto de música independiente. Con la discriminación racial, la
música “negra” como el jazz o el blues no se difundía y empezaron a
crearse pequeñas disqueras y estaciones de radio para que esa música
fuera escuchada. Sin embargo, con el crack de 1929 dichas compañías
entraron en crisis, algunas desaparecieron y otras fueron absorbidas
por grandes disqueras.
A finales de los setentas surge el punk y con él la propuesta que redefiniría el concepto independiente: la frase do it your self
(hazlo tú); en el campo musical supone hacer de la música algo propio,
sin estereotipos, sin tener detrás a una compañía discográfica que
manipule al compositor por razones de mercado más que de arte.
A mediados de los noventas en México estalla este nuevo modo de producir música después del auge del garage
en Estados Unidos y con ello nacen más disqueras independientes que
apoyan a un sinfín de bandas como División Minúscula, Panda, Zurdok,
entre otras, que se gestaban al norte del país con influencias del punk
rock californiano.
Más tarde, el concepto se dispersa por todo el país y toma un
lugar importante en la escena musical. Hace de esta independencia algo
más que un nuevo género, mostrándole a las grandes disqueras
transnacionales que lo que sucedía estaba logrando solidez.
Las nuevas tecnologías facilitaron este desarrollo e hicieron
los costos de producción más accesibles en comparación con los de una
disquera transnacional (que es de entre 60 a 80 mil pesos por grabación
sin incluir la maquila; con un sello independiente el costo disminuye a
15 mil pesos con una maquila de mil discos).
Internet también fue un parteaguas para que la corriente se
difundiera, promoviendo de manera gratuita shows, presentaciones de
discos y hasta descargas de canciones. Aquí, Tom Anderson, fundador de
MySpace es una pieza clave pues con su ‘invento’ ha logrado transmitir
nueva música a sus poco menos de 210 de millones de usuarios a través
de casi todo el mundo.
Aunado a la difusión masiva, también se encuentra el apoyo de
los movimientos de contracultura (de los mismos sellos independientes y
hasta de los gobiernos locales) que facilitan las presentaciones para
difundir estas nuevas propuestas.
El gobierno sabe que el promover estas manifestaciones
artísticas tiene futuro y, aunque parezca exagerado, podrían impulsar
nuestra economía. Por ejemplo, en países desarrollados como Inglaterra,
Japón y Francia han identificado a las industrias creativas como
sectores prioritarios para la economía.
Haciendo eco de lo anterior, la Asamblea Legislativa del
Distrito Federal organizó hace unos meses una mesa de trabajo llamada
“Las empresas culturales de la Ciudad de México: Propuestas de las
disqueras independientes”. Ahí, la directora artística de Urtex Digital
Classics aseguró que “la cultura es un sector fundamental de la
economía en México que aporta 7.8% del Producto Interno Bruto”. Con
ello podemos demostrar lo que puede ofrecer la industria musical al
país.
Aún falta un largo camino que recorrer, habrá que seguir
apoyando el movimiento para tener la oportunidad de ver ese ¡futuro tan
prometedor!